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El estrés… ¿bueno?

Como todo en nuestro organismo, el estrés tiene una razón de ser, pero ¿qué es exactamente?
A grandes rasgos, podríamos definirlo como la respuesta de alerta ante cualquier situación que nos haga tener que superar un obstáculo.

Imagina la vida en la época de las cavernas, en los tiempos prehistóricos y cobrará sentido: en nuestro origen, los primitivos estaban constantemente ante grandes peligros; por tanto, el estrés era necesario para sobrevivir. Sin estrés posiblemente nuestros ancestros no habrían sobrevivido.

Generalmente identificamos el estrés como algo negativo, una emoción desagradable que tratamos de alejar; sin embargo, el estrés no siempre es malo, en su justa medida, puede ser saludable: Existe un estrés bueno o positivo llamado eustrés. Este nos hace motivarnos más ya que la adrenalina se dispara. En otras palabras, el estrés bueno nos hace funcionar, es la chispa que hace que nuestro organismo se active y que mejore, por ejemplo, nuestra capacidad mental, producción y concentración.

A corto plazo, estas reacciones son buenas, aunque cuando el estrés permanece, el eustrés se convierte en distrés o estrés malo. Si ocurre, en vez de motivarnos, el estrés nos paraliza y el cuerpo se mantiene alerta incluso cuando no hay peligro.

Por tanto, niveles moderados de estrés son beneficiosos para nuestro cerebro y nuestro cuerpo si sabemos reconocer y aprovechar su parte positiva. En “The stress test. How pressure can make you stronger and sharper” (2016) encontramos algunas recomendaciones prácticas:

  • Ponerse pequeños objetivos que, al ser alcanzados, nos permitirán llegar a metas mayores.
  • Irse a dormir pensando en situaciones positivas del día genera más pensamientos positivos y el nivel de malestar se reduce.
  • Pensar en las situaciones complicadas como un reto que nos hará crecer. Al sentirse entusiasmado es más fácil que el cerebro se ajuste en lugar de evitarlo y el estrés bueno nos ayudará.
  • Respirar, en momentos de angustia, con ciclos de inspiración y espiración de cinco o seis segundos.
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