Aprender en tiempos revueltos: cómo influye la crisis del coronavirus en las tendencias educativas

La crisis actual del coronavirus Covid19 se ha convertido, aunque nos pese, en el mejor exponente del concepto “cisne negro”. Como psicólogo evolutivo y de la educación, quiero centrarme en su impacto en el sistema social y, sobre todo, en cómo influye la crisis del coronavirus en las tendencias educativas.

El concepto de “cisne negro” y ejemplos en la sociedad actual

En 2007 Nassim N. Taleb acuñó el concepto de “cisne negro” para referirse a aquellos eventos difíciles de predecir que generan un alto impacto social y que son fácilmente explicables una vez ocurridos. El concepto no sólo se ha vuelto muy popular, sino que ha servido para identificar situaciones recientes que encajan muy bien en su definición:

  • El Brexit
  • La victoria de Donald Trump en las elecciones americanas
  • La caída de Evo Morales en Bolivia
  • Los diferentes movimientos de protesta social aparecidos en lugares tan distantes como Chile y Hong Kong

De cara a un futuro próximo, nos enfrentamos con otro “cisne negro”: el del impacto de la inteligencia artificial y la progresiva automatización en muchos de los trabajos que realizamos actualmente. Debido a esto, muchos sectores profesionales ven peligrar su continuidad. Ejemplos de esto lo podemos encontrar en:

  • La crisis del sector del taxi con plataformas tales como Uber y Cabify,
  • El cambio de modelo de negocio en el sector audiovisual de la prensa escrita
  • El cambio del mundo del cine con la irrupción de plataformas como Netflix, HBO, Filmin, Prime, etc….

El año 2019, por si fuera poco, finalizó con una cumbre para afrontar los desafíos que el cambio climático podría ocasionar en nuestra cultura de consumo. En este contexto de inseguridad, incertidumbre y cambio, a finales de 2019, tuvo lugar el inicio de la crisis actual, ocasionada por la irrupción del coronavirus Covid 19 que, a diferencia de los ejemplos anteriores, ha conseguido no sólo convertirse en una pandemia global, sino paralizar el sistema productivo y social de la mayoría de los países causando un impacto difícil de comprender y valorar actualmente. 

El cierre de la educación ante el Covid 19

El pasado 11 de marzo la Comunidad de Madrid decidió, ante el creciente número de contagios, cerrar todos los centros educativos, desde educación infantil hasta la educación universitaria. Para muchos, eso fue una de las primeras muestras de que esta crisis iba en serio. Dejó de ser una crisis que les pasa a otros para ser una crisis que nos afecta a todos. Cuatro días después, sin apenas tiempo para comprender la envergadura de lo que estaba ocurriendo, se decretó el estado de alarma y el consiguiente deber ciudadano de confinarse en sus domicilios. Esta situación se mantiene a día de hoy sin una idea precisa de cuánto va a durar, de qué impacto real va a tener o de si va a ser necesario implantar medidas de confinamiento más restrictivas todavía. 

En este contexto he percibido dos grandes tendencias en el sistema educativo que podrían aplicarse igualmente a otros sectores sociales y laborales:

  1. Por un lado, ha surgido lo que podríamos denominar un fuerte movimiento erigido alrededor de las grandes posibilidades de la educación online.
  2. Por otro lado, de manera más tímida, muchos docentes también han expresado ante todo la importancia de generar una “panigogía”: una pedagogía para una situación de pánico, basada sobre todo en la idea de cuidarnos y comprender el estado excepcional por el que estamos pasando. 

Las posibilidades de la educación online

La educación online, con la que llevamos conviviendo desde el inicio de internet, está basada en concepciones educativas tales como el Conectivismo (desarrollado por George Siemens, con la publicación de su libro Knowing Knowledge en 2006). El conectivismo aboga por una educación que no sólo tiene lugar en la red, sino que tiene lugar gracias a las redes de aprendices activos que comparten conocimiento e ideas como parte de una cultura participativa. Decía Siemens que el conocimiento existe en aquellos sistemas a los que acceden personas que participan en actividades; gente que aprende por medio de su propio contacto e interacción. De esta manera el profesor se vuelve no sólo un facilitador de procesos de aprendizaje, sino un divulgador (curator) de la información.

Es desde este paraguas del conectivismo donde se pueden encuadrar muchas prácticas de este movimiento a favor de las bondades de la educación online. La educación online trata de generar un espacio de encuentro entre los profesores y los alumnos. Este espacio puede que sólo pretenda reproducir una mera transmisión pasiva de información por medio de grabaciones de clases, videoconferencias, podcasts o repositorios de archivos (libros, artículos, presentaciones), pero también puede fomentar todo tipo de interacciones tanto diacrónicas (en distintos momentos temporales) como sincrónicas (en el mismo momento temporal). Estas interacciones serían la clave del tipo de actividad educativa en sí misma, fomentando no sólo el flujo de información, sino la elaboración y reflexión de dicha información.

Pedagogía para contextos de crisis

La segunda tendencia de la que hablaba, esa panigogía o pedagogía en contextos de crisis, trata ante todo de minimizar la importancia de la eficacia de nuestro sistema educativo online para priorizar cómo estamos todos, profesores y alumnos, viviendo esta situación extraordinaria. Más allá de mantener la productividad, el aprovechamiento del tiempo y la continuidad de los procesos de aprendizaje (como si la vida continuara sin más… en un contexto virtual, pero continúa), recalcan la importancia de atender a nuestras necesidades emocionales en este momento.

Asimismo, se da importancia también a una educación respetuosa e inclusiva con nuestros alumnos, que puede que no dispongan de todos los recursos tecnológicos para poder seguir un ritmo “normal” de aprendizaje. Como plantea un mensaje (más dedicado a la educación primaria y secundaria que a la universitaria) que se ha hecho viral:

No obligues a tus hijos a seguir horas de aprendizaje si se resisten a ello (…) al final, la salud mental de tus hijos, es más importante que sus competencias académicas, Cómo se sienten durante este período es algo que recordarán mucho más que todo lo que hagan en estas semanas”.

Cómo lograr un equilibrio en la educación durante la crisis del Covid 19

Ambas tendencias educativas van a convivir complementándose a nivel técnico y a nivel relacional. O, al menos, estaría bien que pudieran complementarse, contribuyendo a que seamos todos más flexibles, tolerantes y comprensivos con la situación que estamos viviendo. Más allá de lo que estemos tratando de aprender formalmente en este período, resulta crucial qué es lo que aprendemos como sociedad, más allá como cultura o como civilización. El coronavirus no respeta ninguna frontera, ninguna clase social, ni ningún nivel económico. No distingue entre ninguna de las etiquetas sociales que usamos para generar diferencias entre nosotros, como especie.

Esta crisis puede que genere una oportunidad de pensarnos diferentemente como sociedad, dado que evidencia la necesidad de generar redes, un sentido de comunidad, una visión de coordinación y una colaboración con otros. Una colaboración que debería tener lugar, no sólo entre los miembros de una comunidad social determinada, sino entre diferentes tipos de comunidad a nivel local, nacional y, desde luego, internacional.

No sólo es importante que las ciudades colaboren entre sí, sino las comunidades autónomas de un país y los distintos países también lo hagan entre ellos. Más allá de una lógica competitiva de asegurar cada uno su propia supervivencia, deberíamos pensar en una acción coordinada que nos haga pensar en esta amenaza como lo que es: una amenaza global. Como plantea el filósofo Daisaku Ikeda (2003):

La educación debe despertar la convicción de que cada uno de nosotros posee el poder y la responsabilidad de efectuar un cambio positivo a escala global. 

Hoy más que nunca es necesario crear una cultura de colaboración que enfatice el hecho de que, más allá de individuos aislados confinados, somos parte de una comunidad más amplia. Ese es el reto: generar una educación que vaya más allá de fomentar una producción o aprendizaje individual, para favorecer la constitución de comunidades de aprendizaje más amplias y complejas. 

Alejandro Iborra
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